Henri Cartier-Bresson y la pintura

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Sin salir de la cultura francesa os propongo en esta ocasión un paseo por la obra de Henri Cartier-Bresson, fotógrafo del instante y uno de los fundadores de la agencia Magnum. Cronista del siglo XX, sus imágenes reflejan el profundo conocimiento artístico del autor a la hora de utilizar referentes iconográficos así como su gran interés por la composición.

La larga vida de Cartier-Bresson estuvo siempre ligada a la pintura; desde sus inicios en el taller de André Lhote hasta que en 1970 abandona la fotografía, que tanto éxito le había aportado, para dedicarse exclusivamente al dibujo.

El dedo en la tela. Edvard Munch

MUNCH

Edvard Munch nos visita estos días en el Museo Thyssen. Aunque no está ninguna de las cuatro versiones de “El grito”, su obra más mediática, sí hay otros lienzos suyos en los que se plasman con claridad sus diversas obsesiones. Un asunto pictórico primordial es la mujer, ya sea idealizada o demonizada, insistiendo en esa disociación simbólica tan recurrente desde finales del siglo XIX. El pintor noruego nos entrega entonces series completas dedicadas a niñas convalecientes postradas en la cama, virginales damas de blanco, mujeres vampiresas, adúlteras, esposas grises de rostro sombrío… El cambio de siglo vino acompañado por un movimiento femenino de emancipación que la burguesía europea encajó mal y el arte de Munch es fiel reflejo. En cualquier caso y dejando aparte sus propios complejos, las mujeres del pintor noruego siempre resultan mucho más interesantes que sus compañeros masculinos, en general figuras inexpresivas o, como mucho, asombradas. Sólo el autorretrato del autor, cerrando la exposición, aporta algo de carácter a una galería de hombres más bien irrelevantes.

Sin embargo, en la muestra faltan algunos de los retratos que por encargo realizó Munch a comienzos del siglo XX. Uno de ellos, el que hizo al industrial alemán Walter Rathenau, demuestra el esmero que ponía cuando se trataba de pintar a amigos y mecenas.

La obra que se trae a colación en esta sección de Arte Digital se titula Mujer y como en otras ocasiones es una versión de un cuadro anterior similar titulado La mujer en tres estadios y fechado en 1894. En este lienzo de gran formato podemos “leer” las tres edades de la mujer desde la joven virginal de la izquierda, a orillas de un mar ondulante que también es femenino, hasta la esposa-viuda de la derecha, fúnebremente separada del hombre por un árbol sangriento. El tema de las tres edades, que se puede rastrear ya desde el Renacimiento (por ejemplo en la obra de Hans Baldung), sirve a Edvard Munch como un “(…) intento de aclararme a mí mismo mi concepto de la vida”.

El detalle: el viejo Munchie dejó sus huellas junto al muslo sugerente de la figura central.