scriptorium drawing

Homenaje a Umberto Eco

 

scriptorium drawing

En medio de la maraña de signos que nos envuelve (y asfixia a veces) acabamos de perder al científico que nos proporcionaba un hilo para salir del laberinto, Umberto Eco.

Este es un fragmento del capítulo dedicado a la luz y el color en la Edad Media de su obra Historia de la belleza.

Todavía hoy son muchas las personas que, víctimas de la imagen convencional de les “edades oscuras”, se imaginan la Edad Media como una época “oscura” incluso desde el punto de vista del color. En esta época, la noche se vive en ambientes poco luminosos: en cabañas alumbradas a lo sumo por el fuego del hogar, en las estancias amplísimas de castillos iluminados por antorchas o en la celda de un monje a la débil luz de un candil, y oscuras (además de inseguras) eran las calles de los pueblos y de las ciudades. No obstante, esta es una característica propia también del Renacimiento, del Barroco y -más tarde aún- del período que se prolonga al menos hasta el descubrimiento de la electricidad. En cambio, al hombre medieval se le ve -o, al menos, se le representa en poesía y pintura- en un ambiente muy luminoso. Lo que llama la atención en las miniaturas medievales es que, habiendo sido realizadas tal vez en ambientes oscuros apenas iluminados por una única ventana, están llenas de luz, incluso de una luminosidad especial, producida por la proximidad de colores puros: rojo, azul, oro, plata, blanco y verde, sin matices ni claroscuros.

Umberto Eco. Historia de la belleza. 2002

La ilustración es una copia que realicé en su día a partir de una miniatura de las Cantigas de Alfonso X el Sabio.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *