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Tareas para el otoño

José Zorrilla

Bicentenario de José Zorrilla

José Zorrilla

Bicentenario de José Zorrilla.

El ilustre autor vallisoletano cumpliría hoy doscientos años y este es mi homenaje en forma de retrato.

Y como hay vida más allá del Tenorio… ahí va un texto diferente extraído de su libro de leyendas “Ecos de las montañas” editado en 1868 y bellamente ilustrado por Gustave Doré.

 

(…)

Internáronse así por la espesura

De la selva: una selva pintoresca

Como se puede ver sólo en pintura,

Mágica, original, virgen y fresca.

 

Una selva de robles colosales

Y de pinos alorces corpulentos,

Que con perpetuos ruidos musicales

Pueblan arroyos, pájaros y vientos.

 

Una encantada selva de Bretaña

Habitada en otro tiempo por los druidas,

Donde albergó su religión extraña

Supersticiones mil aún no perdidas.

 

Un selva poética, imposible

De imaginar por torpe entendimiento;

Una selva fantástica, increíble,

Como creada a posta para un cuento.

 

De sus gigantes troncos los ramajes

Exóticos flotantes parecían

Abanicos de inmensos varillajes

Que mil monstruos quiméricos movían.

 

De estos troncos con frondas, que del cielo

La luz impiden penetrar ni en hebras,

Parecen las raíces por el suelo

Garras de grifos, colas de culebras.

 

 

LOS ENCANTOS DE MERLÍN

“Ecos de las Montañas”

1868

José Zorrilla

doré merlin

 

Castro de Borneiro

 

 

Uno de mis últimos trabajos han sido las ilustraciones para una aplicación móvil sobre la cultura castreña.

Ilustraciones realizadas por encargo de la empresa de arqueología Tictura para el castro de Borneiro. Esta joven empresa se ha especializado en la creación y desarrollo de contenidos digitales relacionados con el patrimonio gallego. En este caso mi aportación han sido ocho ilustraciones que recrean la vida castreña en este yacimiento ocupado entre el siglo IV y I a.C. El resultado es una aplicación para móviles y tablets que sirve de guía en el propio castro.
Os dejo el enlace de Tictura, la empresa gallega que ha desarrollado la aplicación, con la noticia de la presentación de este nuevo recurso cultural.

Noticia en La Voz de Galicia

scriptorium drawing

Homenaje a Umberto Eco

 

scriptorium drawing

En medio de la maraña de signos que nos envuelve (y asfixia a veces) acabamos de perder al científico que nos proporcionaba un hilo para salir del laberinto, Umberto Eco.

Este es un fragmento del capítulo dedicado a la luz y el color en la Edad Media de su obra Historia de la belleza.

Todavía hoy son muchas las personas que, víctimas de la imagen convencional de les “edades oscuras”, se imaginan la Edad Media como una época “oscura” incluso desde el punto de vista del color. En esta época, la noche se vive en ambientes poco luminosos: en cabañas alumbradas a lo sumo por el fuego del hogar, en las estancias amplísimas de castillos iluminados por antorchas o en la celda de un monje a la débil luz de un candil, y oscuras (además de inseguras) eran las calles de los pueblos y de las ciudades. No obstante, esta es una característica propia también del Renacimiento, del Barroco y -más tarde aún- del período que se prolonga al menos hasta el descubrimiento de la electricidad. En cambio, al hombre medieval se le ve -o, al menos, se le representa en poesía y pintura- en un ambiente muy luminoso. Lo que llama la atención en las miniaturas medievales es que, habiendo sido realizadas tal vez en ambientes oscuros apenas iluminados por una única ventana, están llenas de luz, incluso de una luminosidad especial, producida por la proximidad de colores puros: rojo, azul, oro, plata, blanco y verde, sin matices ni claroscuros.

Umberto Eco. Historia de la belleza. 2002

La ilustración es una copia que realicé en su día a partir de una miniatura de las Cantigas de Alfonso X el Sabio.

POLLOCK copy

Aniversario de Jackson Pollock

POLLOCK tribute

El 28 de enero se cumplen 104 años del nacimiento de Jackson Pollock, figura eminente del expresionismo abstracto norteamericano. Si rebuscamos más allá del método pictórico (el dripping, que no inventó pero hizo famoso) y su turbulenta y alcoholizada vida encontramos a un artista estudioso de la obra de sus contemporáneos. Conoció a los muralistas mejicanos, admiró el Guernica de Picasso expuesto en Nueva York en 1939 y la influencia de Miró es indiscutible.

Aunque Pollock no fue guardabosques sí trabajó como agrimensor en su juventud por lo que siempre intuyo en sus cuadros de la última etapa mapas, senderos y rutas obsesivas que, como los fractales matemáticos, se repiten una y otra vez.

La obra que me permito destrozar con este chiste gráfico se titula Blue poles (Number 11) y está fechada en 1952.

El dedo en la tela. Edvard Munch

MUNCH

Edvard Munch nos visita estos días en el Museo Thyssen. Aunque no está ninguna de las cuatro versiones de “El grito”, su obra más mediática, sí hay otros lienzos suyos en los que se plasman con claridad sus diversas obsesiones. Un asunto pictórico primordial es la mujer, ya sea idealizada o demonizada, insistiendo en esa disociación simbólica tan recurrente desde finales del siglo XIX. El pintor noruego nos entrega entonces series completas dedicadas a niñas convalecientes postradas en la cama, virginales damas de blanco, mujeres vampiresas, adúlteras, esposas grises de rostro sombrío… El cambio de siglo vino acompañado por un movimiento femenino de emancipación que la burguesía europea encajó mal y el arte de Munch es fiel reflejo. En cualquier caso y dejando aparte sus propios complejos, las mujeres del pintor noruego siempre resultan mucho más interesantes que sus compañeros masculinos, en general figuras inexpresivas o, como mucho, asombradas. Sólo el autorretrato del autor, cerrando la exposición, aporta algo de carácter a una galería de hombres más bien irrelevantes.

Sin embargo, en la muestra faltan algunos de los retratos que por encargo realizó Munch a comienzos del siglo XX. Uno de ellos, el que hizo al industrial alemán Walter Rathenau, demuestra el esmero que ponía cuando se trataba de pintar a amigos y mecenas.

La obra que se trae a colación en esta sección de Arte Digital se titula Mujer y como en otras ocasiones es una versión de un cuadro anterior similar titulado La mujer en tres estadios y fechado en 1894. En este lienzo de gran formato podemos “leer” las tres edades de la mujer desde la joven virginal de la izquierda, a orillas de un mar ondulante que también es femenino, hasta la esposa-viuda de la derecha, fúnebremente separada del hombre por un árbol sangriento. El tema de las tres edades, que se puede rastrear ya desde el Renacimiento (por ejemplo en la obra de Hans Baldung), sirve a Edvard Munch como un “(…) intento de aclararme a mí mismo mi concepto de la vida”.

El detalle: el viejo Munchie dejó sus huellas junto al muslo sugerente de la figura central.

SÉRUSIER

El dedo en la tela: Paul Sérusier

SÉRUSIER

Hacia 1888 Paul Sérusier, después de veranear en Pont-Aven junto a Gaugin y otros pintores, futuros simbolistas, se presentó con este paisaje en el que apenas se distingue la realidad de los árboles otoñales de su reflejo en este bello río de la Bretaña. Maurice Denis cuenta que Gauguin había dicho a Sérusier lo siguiente: “¿Cómo ve usted los árboles? Son amarillos. Pues bien, ponga amarillo; esta sombra, más bien azul, píntela de color ultramar puro; ¿esas hojas rojas? ponga bermellón”. El impresionismo estaba cruzando nuevas fronteras hacia la abstracción y el cubismo… y todo pintado sobre la tapa de una caja de cigarros. En el Museo de Orsay se puede contemplar su pequeño tamaño y su enorme trascendencia.

Sérusier dejó su huella dactilar bien clara en la parte de arriba.

El dedo en la tela: Durero

DURERO

Tras la huida de Sodoma, Lot y sus hijas se lo montan como pueden (eso dice la biblia, divertida recopilación de cuentos más o menos escabrosos) y el ménage à trois sirve a los pintores renacentistas para pintar desnudos (de las hijas sobre todo). En este caso, Durero, uno de los mejores dibujantes de la historia del Arte, prefiere representar la escena con Sodoma incendiada al fondo dejando a la imaginación del espectador lo que viene después.

La huella del maestro la encontramos sobre unas rocas en segundo plano.

El dedo en la tela: V. Van Gogh

V GOGH

 

Esta semana en ARTE DIGITAL: EL DEDO EN LA TELA tenemos a un tormentoso holandés que se dejaba la vida en cada cuadro. Tanta pintura aplicaba sobre sus lienzos que más pareciera estar modelando o esculpiendo antes que pintando.

Aquí podemos ver su huella sobre el azul cobalto dominante en este autorretrato de 1889, un año antes de su muerte.

 

 

El dedo en la tela: W. Turner

TURNER

Ese enamorado del sol y la luz que fue Joseph Mallord William Turner dejó sus huellas en esta marina titulada Off the Nore: Wind and Water, óleo pintado hacia 1845.

Precursor del impresionismo y en cierta medida del action painting, Turner se ceba con el lienzo transmitiéndole todo su ira creativa. No es extraño entonces que encontremos dedos, arañazos de espátula y restregones de pincel en muchas de sus obras más desinhibidas.