Los cerritos de indios en Uruguay

Los cerritos de indios

Los cerritos de indios son montículos que constituyen vestigios arqueológicos del pasado aborigen en Uruguay y Brasil.

Los pueblos indígenas que habitaron la zona de planicies y bañados del este y noreste de Uruguay mantuvieron la costumbre de construir y utilizar montículos en tierra durante casi 5.000 años. Algunos tienen forma circular y otros son ovalados o incluso alargados. Los más grandes llegan a los siete metros de altura. En superficie tienen generalmente entre 30 o 40 metros pero pueden llegar a tener 50 a 60 metros de diámetro.

Están hechos fundamentalmente de tierra muy oscura extraída de los alrededores, mezclada con otros materiales entre los que se incluyen desechos de la vida cotidiana; por ejemplo: restos orgánicos, restos de la fabricación de instrumentos en piedra, tierra quemada, carbón, fragmentos de vasijas de cerámica y restos de lo que comían entre lo que se puede encontrar huesos de animales y semillas de frutos.

Vista actual de un conjunto de cerritos en el departamento de Rocha, Uruguay.

Las familias indígenas vivieron sobre muchos de estos cerritos, es decir, los utilizaban como áreas domésticas. Pero los cerritos también cumplieron otras funciones como por ejemplo el cultivo de maíz. Incluso, aún en la actualidad, en algunas zonas del departamento de Rocha, los cerritos son el lugar elegido para las huertas porque su tierra es fértil y rica en nutrientes.

Desde hace por lo menos 1.600 años se utilizaron además como cementerios. Los pueblos indígenas empezaron a enterrar a sus muertos en ellos como forma de señalar que esas tierras pertenecían a sus familias.

Los casi 5.000 mil años que duró el período de construcción y uso de cerritos muestran que fue una tradición cultural muy arraigada entre los indígenas del Uruguay. Las últimas pistas sobre ellos desaparecen hace apenas dos siglos atrás.

Planimetría de un conjunto de cerritos en el departamento de Rocha.

La llegada de los europeos a estas tierras generó un choque de dos culturas muy distintas que trajo como consecuencia la desaparición de las comunidades indígenas y la mezcla de varios de estos grupos con los recién llegados. Fue un proceso corto y traumático. Lo curioso es que los colonizadores europeos no mencionan los cerritos de indios en ningún documento. Sin embargo, sí describieron a los grupos indígenas que habitaban el territorio donde se encuentran los cerritos, los guenoas-minuanes.

De acuerdo a estudios genéticos realizados en Uruguay más de la mitad de la población actual al norte del río Negro tiene ascendencia de ancestros indígenas.

Fuente: Camila Gianotti. Directora del Laboratorio de Arqueología del Paisaje y Patrimonio del Uruguay (LAPPU)

El poder de la imagen

Cuando el año pasado se hizo la reconstrucción del rostro de una indígena de 1.600 años –utilizando técnicas de reconstrucción forense a partir de un cráneo encontrado en un cerrito de indios rochense– todos quedamos maravillados: más allá de que toda reconstrucción tiene algo de arte y no puede agotar la diversidad de facciones, colores de ojos, pelo y piel, los habitantes milenarios de esta tierra dejaban de ser huesos en colecciones y por fin pasaban a tener una cara en la que mirarnos. En ese sentido, a título personal, creo que este libro hace un aporte de similar magnitud.

A todo lo que Los indios de los cerritos aporta sobre el tema de manera amena, didáctica y cercana para los niños, hay dos ilustraciones, realizadas por José Ramón Almeida, que realmente impactan en el lector. Es que estos dibujos, basados en evidencia científica supervisada por Gianotti, tienen la capacidad de dar carne y hacernos visualizar cómo eran algunos aspectos de la vida de esas poblaciones de una manera que sólo se me ocurre calificar de conmovedora.

Las dos ilustraciones de Almeida representan dos escenas de la vida de los pobladores de Rocha hace cientos –o miles– de años. Y al verlas, es como si se hubiera encontrado la foto perdida de un familiar lejano. Ambas son creíbles, complejas, abundantes en información y, sobre todo, plausibles. En una de ellas vemos a una aldea tal y como muchos arqueólogos y antropólogos piensan que sería: un conjunto de cerritos rodeando una plaza central. Los indios nos miran en la figura, totalmente relajados. Unos cocinan peces y zapallo, otros conversan, otros traen la caza del día –un venado guazubirá–; lejos, un grupo planta calabazas, otros cosechan maíz, unos construyen cestas mientras un perro acompaña cerca de una olla puesta al fuego. En el cielo vuelan unos cuantos chajás. Las palmeras pintan el bañado. Niños, niñas, adultos, mujeres, ancianos, todos están lejos de la concepción del indio guerrero –visto como enemigo para los españoles que contaban la Historia en sus crónicas–, y uno parece asomarse a la vida relajada y pacífica de la aldea.

La aldea de los cerritos.

La otra ilustración es aun más potente: representa una ceremonia de enterramiento. Uno percibe el dolor por la partida de un ser querido mientras la chamana, cubierta por una piel de zorro, despide al fallecido. Nuevamente, las palmeras recortadas contra el cielo nocturno lo miran a uno como preguntándole por qué no se imaginó una escena así antes. En el cielo, la Cruz del Sur domina la escena mientras uno de los aldeanos coloca cabezas de zorro en la tumba aún abierta de su compañero (un detalle basado en mandíbulas de zorro asociadas a enterramientos humanos encontradas en cerritos). ¿Cómo era esta gente? ¿Cómo vivían? Aún es mucho lo que no sabemos. Así y todo, como aquellas imágenes de neandertales de la infancia, una vez vistas estas ilustraciones es difícil que al sentir hablar de constructores de cerritos uno inmediatamente no visualice la escena en las coordenadas planteadas por Almeida, Soler y Gianotti. Si el año pasado la ciencia le puso rostro a la abuela de los uruguayos, Almeida nos pintó la aldea.

Escena funeraria en un cerrito.

Con las autoras

“Si yo fuera niño, recordaría esas imágenes”, dice Soler al respecto de las escenas de Almeida. “Fueron intensamente conversadas, son fruto de mucho trabajo y Camila insistió en varios detalles. El otro día estábamos en Rocha con un grupo de maestros y profesores y uno dijo que lo que más le había llamado la atención eran esas imágenes, que tildó de ‘revolucionarias’, ya que nunca había imaginado a los indios de esa manera ni tampoco le habían dado las herramientas para imaginarlos así”, relata Soler. Gianotti, desde Santiago de Compostela, donde está estudiando la relación entre los fenómenos astronómicos y nuestros cerritos, confiesa: “Ambas ilustraciones son muy potentes, pero además eran muy necesarias, porque es lo que nos piden los niños cuando vamos a dar charlas: quieren ver cómo eran. Nosotros los podemos imaginar, pero ellos necesitan verlo, por lo que creo que la ilustración es una herramienta extremadamente útil para fijar los contenidos del libro. Las dos ilustraciones hablan por sí solas y pueden ser utilizadas como material didáctico para dar a conocer esa historia que queremos mostrar”. Parte del éxito de las imágenes tal vez se deba a que Almeida, además de ser ilustrador, es también arqueólogo.

Cada vez que hablo con arqueólogos y antropólogos me encuentro con varios que dicen que todo lo que se ha venido investigando en las últimas décadas sobre nuestro pasado prehispánico no se ve reflejado en lo que les enseñamos a nuestros niños en las escuelas. “Creo que todavía sigue siendo una gran deuda de la enseñanza reflejar lo que hacemos los investigadores en los libros de primaria y secundaria”, responde Gianotti. “El tema del pasado prehispánico, el pasado indígena, siegue siendo un debe en escuelas y liceos, y este libro efectivamente va en un poco en esa dirección, ya que pretende contar una historia que no está contada y de la que además hay mucha información, muchos datos, mucha investigación, como para que sorprenda, nos llame la atención y que, además, nos muestre otra historia distinta, una que ha sido silenciada, invisibilizada e incluso negada hasta el día de hoy” remata Gianotti.

Los indios de los cerritos, de Camilia Gianotti, Silvia Soler y Sebastián Santana. +Cerca ediciones y Banda Oriental.

Fuente: Leo Lagos. ladiaria.com.uy

Portada y contraportada de la publicación .

AL ANDALUS

portada caja Al Andalus

Próximamente:

Al Andalus

Tras más de dos meses de trabajo está a punto de ver la luz uno de los encargos más interesantes (y complejos) que he hecho últimamente. Se trata de un juego de 48 cartas ilustradas para conocer los principales monumentos, personajes y hechos de la presencia musulmana en la Península Ibérica a través de ocho familias temáticas con textos en español, inglés y árabe.

Trabajo realizado para Ciudades en Juego.

 

Ciudad romana de Confloenta, Segovia

 

TRAZADO URBANO CONFLOENTATERMAS CONFLOENTA VISTAsección termas PLANO TERMAS (Copiar) La campaña desarrollada por el cónsul Tito Didio en la Celtiberia del Duero entre el 98 y 94 a.C. supuso la conquista y anexión del alto valle del Duratón, en tierras de Segovia, donde ya existían diversas ciudades (oppida) de origen indígena como por ejemplo Sepúlveda.

La nueva política romana implicaba la reorganización de los nuevos territorios y el movimiento de ciertos núcleos de población. En el caso de Sepúlveda la población se traslada desde su atalaya fortificada hasta el valle del Duratón, unos kilómetros al este, donde se funda ex novo la ciudad romana de Confloenta.

El nombre de Confloenta hace referencia no sólo a la unión de dos ríos (el Duratón y el Serrano) sino también a su importancia como cruce de caminos, vías pecuarias y vías romanas.

La nueva ciudad se asienta cercana al Duratón, sobre una meseta elevada, con un trazado de calles regular como demuestra la fotografía aérea. Esa retícula queda definida por el habitual cruce de calles principales (kardo y decumano) hasta ocupar una superficie de 50 ha.

En Confloenta destaca el amplio complejo termal, excavado en los últimos años por Santiago Martínez Caballero, director del proyecto y del Museo de Segovia. Este gran edificio de unos 2000 m2 se encuentra junto a la rampa de acceso meridional de la ciudad y cuenta con diferentes salas calefactadas (hipocausto), algunas de ellas con mosaicos geométricos.

Un aspecto muy importante de la ciudad de Confloenta es la presencia hacia el este del foro pecuario o mercado ganadero, un amplio espacio cuadrangular de 150 m de lado cerrado por un muro y que servía para la exhibición y venta de ganado bovino y ovino.

A poca distancia de la ciudad romana, a orillas del río, se encuentra la iglesia de La Asunción, edificio románico construido sobre el cementerio visigodo de Duratón. Descubierta en 1929, se trata de una de las necrópolis visigodas más importantes de España ya que cuenta con más de 650 enterramientos.

Estas son algunas de las ilustraciones y planimetrías realizadas para la reciente señalización de la ciudad romana y de la necrópolis visigoda llevada a cabo por Arcovia, Estudios integrales de Patrimonio Cultural.

 

Altares célticos en la provincia de Burgos

Durante la Edad del Hierro  gran parte de la península ibérica estuvo poblada por un conjunto de tribus de raíz céltica y marcado carácter guerrero. Sus formas de vida y religiosidad pagana les llevó a venerar a sus dioses en destacados lugares naturales, concebidos como altares donde realizaban rituales y ofrendas religiosas.

En Gete (Pinilla de los Barruecos, Burgos) hasta 2019 se han descubierto cinco altares, todos ellos ubicados en espacios naturales, formando un conjunto ritual para ceremonias religiosas, políticas y sociales. Este conjunto de altares lleva a considerar esta zona un santuario celta, con un papel relevante en la historia ya que esta zona fue el límite geográfico entre tribus de pelendones, turmogos y vacceos.

Para los celtas, el mundo estaba organizado en dos ámbitos: el mundo vital y lo que estaba fuera de él. Al primero correspondían las personas y el poblado, delimitado generalmente por murallas que les defendían y separaban del otro mundo.

El otro mundo correspondía a la naturaleza, inmensa y salvaje, donde los espíritus (númenes), los dioses y los animales hostigaban a las personas. Sin embargo, en esa naturaleza había lugares especiales  donde los dioses se comunicaban con los humanos que les imploraban y daban ofrendas por los dones recibidos. Estos lugares eran santuarios naturales, que podían ser de diversos tipos (cuevas, rocas, bosques, árboles, lagunas, etc.)

Todos estos lugares naturales, eran mágicos y en ellos los druidas, a modo de sacerdotes, realizaban ritos para buscar la protección de los dioses.

Texto: Óscar González Díez (ADES)

Ilustraciones y maquetación: J.R. Almeida

Centro Documental de los recintos fortificados de Salamanca

El Ayuntamiento de Salamanca acaba de inaugurar, en la Cuesta de Carvajal, el Centro de Interpretación de los Recintos Fortificados Históricos, incluyendo la recuperación de un tramo de la muralla prerromana del siglo IV a de C.

Se trata de un recinto que cuenta con audiovisuales y cartelería explicativa para dar a conocer los distintos sistemas defensivos de la ciudad a través de diversas épocas: la cerca defensiva del Cerro de San Vicente, de la primera Edad de Hierro; la muralla castreña de la segunda Edad de Hierro o la cerca vieja, muy posiblemente de origen tardorromano, entre otras.

En el proyecto museográfico, llevado a cabo por Patrimonio Inteligente, he tenido la oportunidad de realizar una serie de infografías que recogen el desarrollo urbanístico de la ciudad en tres momentos de su historia.

 

Cerro de La Mota de Medina del Campo. El poblamiento prehistórico

Ilustraciones realizadas por encargo de Patrimonio Inteligente para el nuevo montaje museográfico del Centro de Recepción de Visitantes del Castillo de la Mota. Se trata de un edificio construido sobre los restos de parte del poblado de la Primera Edad del Hierro, restos excavados en 2003 y que se pueden contemplar in situ.

 

Zenobia, reina de Palmira (II parte)

Desenlace de la intensa historia entre el emperador Aureliano y la ambiciosa reina Zenobia.  Carlos de Miguel aporta conocimiento, mapas y un discurso que engancha. Este capítulo incluye  esta ilustración que recoge el momento en que Zenobia entra en el foro de Roma a través del Arco de Augusto, encadenada y a lomos de un dromedario.  Un placer. Os dejo con la introducción que el autor hace de su capítulo.

Conocidas ya las actividades de Aureliano en el interior de Italia resolviendo asuntos internos que afectaban a la propia seguridad de Roma, Zenobia había expandido su dominio por buena parte de las provincias orientales, incluyendo Egipto. Un desafío que no obtuvo respuesta inmediata por parte del emperador debido a los innumerables frentes abiertos que tenía ante sí.

Sin embargo, una vez apuntalada la situación en Italia, y con la retaguardia relativamente tranquila, Aureliano, emperador de roma desde el año 270, marcha hacia oriente. Desde los tiempos de Odenato, la pars orientalis se había mantenido demasiado alejada de la influencia de Roma y ya iba siendo hora de mostrar a las díscolas provincias del este, que Roma aún era fuerte, y que su intención era volver a ejercer un dominio directo y efectivo sobre las opulentas regiones de oriente.

Asistimos hoy a la reconquista, por parte del Aureliano, de la región oriental del imperio romano, a su venganza ante las fuerzas disgregadoras que habían debilitado Roma durante demasiado tiempo.

Asistimos hoy, amigos, al enfrentamiento definitivo entre Roma y Palmira. Una pugna agónica y casi dramática ya que ambas potencias luchaban no por expandir dominios, ni por riquezas, sino por su propia supervivencia. Solo una de las dos podía seguir caminando por la tortuosa senda de la historia.

Bienvenidos al capítulo 28 de El Ocaso De Roma

Carlos de Miguel

ESCENA ZENOBIA 2 EN ROMA copy

Zenobia, reina de Palmira

Palmira, la perla del desierto, volvió a ser actualidad en 2015 debido a la destrucción a la que fue sometida por las hordas bárbaras islamistas en el contexto de la guerra en Siria. Esta gentuza no tuvo reparos en dinamitar templos como el de Bel, tumbas y arcos de triunfo. Pero la maldad de estos personajes fue más allá cuando decidieron decapitar entre las ruinas al director del sitio arqueológico que durante décadas había velado por Palmira. Se llamaba Khaled Asaad.

vista palmira

Hoy los admiradores de tan bella ciudad estamos de suerte porque Carlos de Miguel, profesor de historia y enamorado del Imperio Romano, dedica su último podcast a Palmira y su reina, Zenobia. Carlos lleva ya mucho tiempo publicando mensualmente cuidados audios en los que con claridad, rigor y buen gusto musical nos habla sobre los últimos siglos del Imperio.

Su página se titula El ocaso de Roma.

(Episodio 27) Zenobia Frente a Roma I. La Expansión De Palmira

Aporto mi colaboración en el arduo trabajo de Carlos en forma de portada para el episodio 27: Zenobia Frente a Roma I. La Expansión De Palmira.

Peña Amaya, Burgos

Algunas de las ilustraciones para la señalización del castro de Peña Amaya (Amaya, Sotresgudo, Burgos).  Proyecto de Patrimonio Inteligente.

vista aérea Peña Amaya sinclinal colgado esquema escena muro copy DIBUJO vista pueblo medieval de Amaya dibujo muralla Peña Amaya dibujo castillo Peña Amaya Peña Amaya medieval

AÑO 574: “…el rey Leovigildo penetrando en Cantabria…, ocupa Amaya, conquista sus fortificaciones y reintegra bajo su autoridad a la provincia”. Juan de Bíclaro, Chronicon.

AÑO 712: “Llegó (Tarik ben Ziyad) después a la ciudad de Amaya, donde encontró alhajas y riquezas…”. Al-Macqari.

AÑO 860: “En la era 898 (año 860) el conde Rodrigo repobló Amaya y asaltó Talamanca”. Anales Castellanos Primeros.

Esa Amaya tan codiciada por visigodos, musulmanes y por la naciente Castilla se levantó en lo que conocemos como Castro de Peña Amaya, que ocupa el extremo oeste del macizo de Peña Amaya, un enérgico relieve en el borde meridional de Las Loras, asomado sobre la campiña como un bastión inexpugnable.

Perfectamente diferenciado del resto del relieve por el tajo de la fuente Hongarrera, el castro ocupa más de 50 ha con dos sectores a diferente altura. En el banco calizo inferior, 200 m sobre el fondo del valle, se reparte casi toda el área de habitación, en su momento protegida en algunos tramos por una muralla. Más de 100 m por encima se encuentra el promontorio del castillo, que junto con las estrechas plataformas de su ladera sur forman un último reducto de defensa.

La protección que le brinda su configuración natural, la existencia de fuentes permanentes y el dominio visual sobre un vasto territorio son factores que no pasaron inadvertidos. Las cuevas que horadan los cantiles fueron frecuentadas desde al menos los tiempos de la cultura Campaniforme, hace unos 4000 años, pero será en el Bronce Final, hace 3000 años, cuando podemos fijar la primera ocupación estable. El castro permanece habitado durante la Edad del Hierro, al menos en su segunda fase, la de los cántabros históricos, y verá de cerca las legiones de Roma durante las Guerras Cántabras y Astures (29-19 a. C.).

Tras el conflicto acogió un destacamento legionario, que cumplió labores de vigilancia hasta cerca del año 40 de nuestra era. Su marcha no supone el abandono de la plaza, pues continúa su vida a lo largo de todo el Imperio y, según las crónicas, así seguía a finales del siglo VI, como el centro de un poder autónomo que el rey visigodo Leovigildo ve necesario someter. Dentro del reino, poco antes de la invasión musulmana, Amaya es capital ducal de Cantabria y sede episcopal; por ello, el ataque del 712 de Tarik, el conquistador musulmán de la Península, tiene por objeto descabezar esta capital norteña, último reducto del poder visigodo.

Por su relevancia pasada, tras un periodo de abandono, esta será una de las primeras plazas repobladas al sur de la Cordillera Cantábrica, ya a finales del siglo VIII, aunque su incorporación oficial al reino astur se produce en el año 860 por iniciativa de Rodrigo, el primer conde que se asocia al nombre de Castilla. La vida de la Amaya medieval, plaza fuerte de la primera Castilla, que verá restaurado su obispado, con su aldea y el castillo del promontorio, continúa hasta avanzado el siglo XIV.

(Texto: Patrimonio Inteligente)